Opinión

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¡Siempre es tiempo de jugar!

¡Siempre es tiempo de jugar!

 

La palabra juego tiene su origen en el latín iocari, que significa hacer algo con alegría, de ahí- aunque sean muchas las acepciones y usos de esta palabra- podemos decir que jugamos cuando hacemos algo con el único fin de entretenernos y divertirnos. Jugar nos conectaría entonces con potentes emociones. Todo juego- no sólo de los niños (as)- vendrá cargado de satisfacción y sensaciones placenteras. Tal vez por eso la primera y primordial forma en que la especie humana aprende y socializa de manera natural es a través del juego. Mientras más un niño (a) juegue, más experiencias satisfactorias tendrá, más y mejor se desenvolverá consigo mismo (a) y con el mundo que lo (a) rodea, por consiguiente más y mejor aprenderá.

Por otra parte, jugar no es una actividad exclusiva del ser humano. Compartimos con nuestros congéneres mamíferos este deseo innato por jugar, por esta razón en las diversas culturas y civilizaciones podemos encontrar rastros que demuestran que, desde tiempos inmemoriales, el ser humano y sus crías juegan y lo seguirán haciendo.

El juego también tiene diversas expresiones. No sólo jugamos cuando hay derroche de energía, también se puede jugar y divertirse a través del placer de escuchar, observar y sentir… jugamos cuando vemos a las hormigas marchar en fila hacia un destino que queremos descubrir, jugamos cuando las nubes toman formas fantásticas o terrenales, jugamos cuando imaginamos que el viento nos habla estando en la playa…

Jugando desde el principio…

Los avances de la neurociencias nos han permitido comprender (a diferencia de lo que por mucho tiempo creímos) que los bebés tienen la capacidad para interactuar consigo mismos y con el mundo, incluso desde antes de nacer. Estas competencias son terreno fértil para que el juego tome protagonismo en la vida de los bebés, sus padres y cuidadores. Un niño (a) feliz es un niño(a) que se mueve, que descubre, que se emociona, que se ríe, en definitiva, un niño (a) que juega.

Muy prontamente el bebé descubrirá que sus padres y cuidadores serán entretenidos compañeros de juego. Nuestras voces, muecas, canciones, cosquillas, todo es novedad y diversión. A medida que el bebé controla más sus movimientos, también disfrutará sacándonos los anteojos, tirándonos el pelo, las orejas o riendo juntos. El juego siempre será una potente herramienta para fortalecer el vínculo con nuestros hijos (as), al disfrutar esos juegos compartidos, nuestro organismo liberará sustancias que nos harán atesorar esas vivencias y querer repetirlas.

Pero el bebé no sólo jugará con otros, también descubrirá que su propio cuerpo le brindará incontables ocasiones de diversión, todas las que él (ella) mismo (a) pueda poner en práctica. Hacer ruidos, gritar, reír, dar vueltas, chuparse los dedos de los pies, mientras el bebé juega conoce y controla cada día más su cuerpo, ¡se prepara para explorar el mundo!

Por esta razón es muy importante considerar estos espacios cada día, nuestros hijos e hijas también disfrutarán sin necesitarnos a nosotros, sus juguetes o una gran sala de estimulación. Asimismo, es muy importante respetar sus tiempos, los seres humanos nos animamos a explorar algo nuevo cuando nos sentimos seguros y competentes, sin presiones, cuando podemos probar qué pasa si vamos un poco más allá de lo que ya conocemos, cuando podemos enmendar lo avanzado.

Siempre es momento para jugar

Algunas veces nos abrumamos planeando agendas para que nuestros hijos e hijas no estén faltos de entretención, o tal vez llegamos cansadas/os a casa sin ganas de hacer muchos panoramas para jugar. Pero el juego está al alcance de la mano, cada actividad cotidiana es más agradable si jugamos; cada nuevo aprendizaje será más fácil si lo hacemos a través del juego; cada hábito que queremos fortalecer costará mucho menos si damos espacio al humor… Una carrera al baño para lavar los dientes, una canción con muecas para vestirnos, ¿y si los juguetes juegan a la escondida para guardarse?. El juego siempre será un reto, pero también un estímulo, para la imaginación y la creatividad.

También hay momentos de la rutina diaria que son una gran oportunidad para divertirnos con nuestro bebé: el cambio del pañal con cantos, muecas, pequeñas cosquillas y besitos en su guata; la hora del baño con el agua que salpica y los juguetes que se hunden y flotan- no hay que temer a un rato más en el agua sólo por diversión- y las comidas son una excelente oportunidad para disfrutar probando nuevas texturas, sabores y olores.

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