Arelis Uribe: “Tengo muchos recuerdos con pan”

-¿Cómo recuerdas la vida cuando el mundo no se extendía más allá de tus juguetes?
-Todavía tengo juguetes, pero ahora son herramientas para trabajar, que también me sirven de distracción: el celular, el notebook, el Kindle. Un juguete es eso: un instrumento educativo y recreativo. Cuando era chica y sólo pensaba que eran lúdicos, creo que la vida corría a un ritmo distinto, los días eran más largos y los veranos, eternos.

-¿Qué juguetes tenías, dónde se fueron tus juguetes?
-Ay, recuerdo juguetes bacanes, como un Pony Saltarín, unas Polly Pocket alternativas (porque las originales eran carísimas), una cortadora de pasto, unas tacitas de té, unos cubos de madera de muchos colores que eran como legos, una guitarra eléctrica, una calculadora que hablaba, una muñeca que comía galletas (realmente las comía), unos patines, mi primera bicicleta. Ya no existe nada de eso. El que sobrevivió más tiempo fue el Pony, uno de mis sobrinos alcanzó a jugar con él. Hace unos días le pregunté a mi hermana mayor por el caballito inflado y me dijo: ay, es que ya no existe. Y me dio una pena, pero ya está, es el ciclo de la vida, las cosas tienen que irse para que una avance.

-¿Juego favorito, solo o acompañado?
-Hay juegos que es necesario jugarlos en equipo (como los de mesa o la política), pero hay otros juegos que sí o sí hay que realizarlos sola (como Los Sims o escribir).

-¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?
-Parece que no soy muy de olores porque me cuesta que se me venga uno a la cabeza, pero sí recuerdo sabores. Mi abuela preparaba huevos revueltos con carne molida y pienso en eso dentro de una marraqueta y vuelvo a tener tres años. Tengo muchos recuerdos con pan. Mi mamá preparaba cauceo (huevo duro, tomate, queso y ajo) o jurel con mayonesa y, ay, un manjar a la hora de once. Es divertido, porque ya no como carne, pero pienso en eso y se me hace agua la boca.

Era adicta al limón. Iba al almacén y compraba un kilo de limones. Los pelaba uno por uno, los ponía en un plato y en otro ponía mucha sal. Después me comía gajo por gajo pasado por sal, como si estuvieran apanados. Al otro día no me podía ni tocar los dientes del dolor.

– ¿Qué llevas de tu infancia contigo?
-.Recuerdos tristes y recuerdos felices.

– Secretos que no le dijiste a mamá y/o papá
-Son secretos tristes, de adultos que traspasaron el límite de mi autonomía como persona sólo porque yo era niña y abusaron de mi ingenuidad. Mi intuición me decía que eso no estaba bien, pero no sabía cómo decirlo, qué palabras usar y además sentía que hablarlo sólo traería problemas. Ahora sé que debí decir esas cosas antes, quizá ahora el daño sería menor.

– Jugaste con tierra, tomaste agua de la manguera…¿qué otras cosas hacías?
-Era adicta al limón. Iba al almacén y compraba un kilo de limones. Los pelaba uno por uno, los ponía en un plato y en otro ponía mucha sal. Después me comía gajo por gajo pasado por sal, como si estuvieran apanados. Al otro día no me podía ni tocar los dientes del dolor.

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– ¿Recuerdas tu primer amor?
-Sí, todos. Mi primer amor fue el pololo de una tía. Después, un compañero de curso en primero básico. Después, un amiguito del pasaje. Después, la prima de una compañera de colegio. Después, mi primer pololo. Y así.

– ¿Cuáles son los pequeños grandes triunfos que recuerdes?
-Que me sacaba muy buenas notas. Todavía guardo pruebas de quinto básico donde me saqué un siete.

– ¿Qué superpoder te hubiera gustado tener y si lo tuvieras hoy…qué harías con él?
-Yo creo que siempre quise volar. Si lo tuviera, volaría para mirar Santiago o Chile o el mundo desde arriba. Me daría perspectivas nuevas para entender a la gente.

-Tenías amigos imaginarios, si es así, ¿cómo eran y cómo se llamaban?
-Yo decía que tenía un amigo imaginario pero era mentira, lo decía sólo para sentir que me pasaba algo especial. Era realmente imaginario.

-¿Qué te daba miedo?
-La oscuridad, no ver a mi papá un fin de semana, que se enojara mi mamá.

-¿Te perdiste, sí es así, dónde y cómo apareciste?
-Sí, me perdía siempre en el supermercado, era terrible. Y en una época donde no había supermercados tan gigantes como ahora. Me ponía a llorar y buscaba al guardia. Llamaban por altoparlante a mi mamá, que se cagaba de la risa, porque siempre estábamos a un pasillo de distancia.

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Imagen Francisco Flores.

– ¿Qué barrio, calle, edificio o balneario es el lugar de tu infancia?
-Las villas de Talagante, esos pasajes flacos con casas pareadas. Me acuerdo de correr para todos lados, de jugar a las barbies con mis amigas e inventarles historias con viajes en el tiempo o triángulos amorosos, de ir a la plaza y enrollar las cadenas del columpio para marearnos de verdad, de las noches de verano en las que nunca llegaba el frío y una podía jugar hasta la una de la mañana si a los papás se les olvidaba pegarte un grito para que te fueras a acostar.

– ¿Cuál era la trampa que hacías para no comer guatitas o la comida que no te gustaba?
-No había escapatoria, si tenía que estar sentada cinco horas comiéndome las guatitas o los mariscos, me dejaban cinco horas ahí. Mi mamá se quedaba dormida esperando a que yo terminara. Entonces me metía una cucharada llena a la boca, lo molía todo, agarraba una servilleta y echaba el bollo de comida ahí. Después iba al baño y lo tiraba por el guater.

– ¿Jugabas en la calle, si es así… cómo te llamaban para volver a casa?
-No era muy callejera, generalmente me entraba a la hora que me decían (era bien fome, porque era bien obediente), pero si me tenían que llamar, mi mamá gritaba: DANIELAAAAAAA. Porque así me llamo en realidad.

– ¿Cuál fue tu mayor travesura?
-Existía un programa de radio en la Rock&Pop que se llamaba “Portal del web” y tenían una sección que era “Fono Palanca”, hacían pitanzas con efectos especiales, algo así como Los Simuladores, pero para agarrar para el hueveo a la gente. Y con mi hermana llamamos para hacerle una bromita a mi mamá.

– Alguna pregunta para sumar a este cuestionario de Territorio Infancia
-Quizá alguna pregunta sobre la música, cuál era la música de su infancia.

– Alguna persona o personaje que te gustaría para Territorio Infancia…
-Claudia Apablaza, mi editora, y Mariel Mariel, que estoy escuchando ahora.

“Me hubiera gustado viajar en el tiempo para conocer a los dinosaurios”

-¿Cómo recuerdas la vida cuando el mundo no se extendía más allá de tus juguetes?

Llena de alucinaciones. Veía dinosaurios, robots gigantes, galaxias y explosiones por todas partes. Esperaba que llegara la noche para poder soñar. Amaba los sueños.

-¿Qué juguetes tenías, dónde se fueron tus juguetes?

Tuve algunos dinosaurios de plástico. Yo me hacía mis propios juguetes, con cartón, arcilla y pintura. Hacía naves y personajes de Star Wars, ya que en los años ochenta tenían precios prohibitivos. También hacía barcos, planetas y continentes con plasticina. La plasticina era mi juguete favorito, porque con ella podía hacer lo que mi imaginación me permitiera. No sé qué pasó con mis juguetes ni dónde están. Los imagino destruidos o enterrados bajo sedimentos de escombros. Imagino que serán desenterrados por algún cataclismo o por arqueólogos dentro de muchos siglos.

-¿Juego favorito, solo o acompañado?

Jugar a la escondida y Las naciones. Recuerdo que en primero o segundo básico corría entre los niños y niñas imaginando que estábamos en el mar y yo era un tiburón que podía atacarlos, pero no lo hacía porque eran mis amigas y amigos. Había visto la película tiburón a los 6 años y aunque el tiburón me daba mucho miedo, yo empaticé con él.

-¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?

Me encantaba la carne cruda, el azúcar flor y la miel. No recuerdo olores, salvo el del pan de pascua.

– ¿Qué llevas de tu infancia contigo?

La imaginación. O lo que queda de ella.

unu pacha tiyan

– Secretos que no le dijiste a mamá y/o papá

Bajo el block 1 de la Villa Portales había un perro herido (Tenía el hocico destrozado el pobre) en unas mantas, al que cuidamos con unos amigos.

– Jugaste con tierra, tomaste agua de la manguera… ¿Qué otras cosas hacías?

Como a los diez años, unos pescadores me regalaron unos tiburones pequeños que atraparon en sus redes. Uno que estaba vivo la solté en el mar. Recuerdo que casi me mordió. También solía buscar fósiles y minerales e hice un insectario.

– Cuéntanos ese recuerdo mítico del que todos se acuerdan menos tú… (Ese que tu mamá o tía saca a colación cuando le presentas a una amiga o estás reunido con la familia)

Cuando muy niño me creía Pinocho y me quedaba tirado inmóvil durante mucho tiempo, como un muñeco inerte. Dicen que podía estar horas así.

– ¿Recuerdas tu primer amor de infancia?

El primero no fue muy importante y ya tenía doce años. Dejé de ir a verla porque vivía muy lejos de mi casa y sentía que no había magia entre nosotros. Después, a los catorce me enamoré de verdad, perdidamente, aunque fue un amor epistolar y tormentoso.

– ¿Cuáles son los pequeños grandes triunfos que recuerdas?

Gané un concurso de conocimientos de Sábados Gigantes. Me preguntaban sobre los dinosaurios. El premio fue un viaje a Disneyworld. Fui con mi madre. No me gustó Disneyworld, pero me encantó Seaworld.

– ¿Qué súper poder te hubiera gustado tener y si lo tuvieras hoy…qué harías con él?

Viajar en el tiempo, para poder conocer a los dinosaurios.

-Tenías amigos imaginarios, si es así, ¿cómo eran y cómo se llamaban?

No. Nunca tuve amigos imaginarios. Y eso que cuando niño intentaba creer en Dios, pero no lo conseguí. Lo que sí recuerdo es que a los cuatro años conversaba con los perros y ellos me hablaban.

-¿Qué te daba miedo?

Los uniformados. Eran los setentas.

-¿Te perdiste, sí es así, dónde y cómo apareciste?

En la Fisa, en Cerrillos, en medio de la multitud. Me di cuenta de la horrible soledad y desamparo que se puede experimentar en medio de una multitud. Finalmente me encontraron unos compañeros de colegio.

“Mi infancia estaba llena de alucinaciones. Veía robots gigantes, galaxias y explosiones por todas partes. Esperaba que llegara la noche para poder soñar. Amaba los sueños”, dice el autor de Juan Buscamares.

– ¿Qué barrio, calle, edificio o balneario es el lugar de tu infancia?

Pichilemu.

¿Cuál era la trampa que hacías para no comer guatitas o la comida que no te gustaba?

La masticaba eternamente, pero no la tragaba.

– ¿Cuál fue tu mayor travesura?

Burlarme con dibujos de los matones del curso hasta hacerlos llorar. También escaparme del colegio e irme al Museo de Historia Natural.

– A qué personaje público invitarías a mirar con ojos de niño la realidad

A Charly García.

– Alguna pregunta para sumar a este cuestionario de Territorio Infancia

¿Qué soñabas en la infancia?

– Alguna persona o personaje que te gustaría para Territorio Infancia…

Al escritor Francisco Ortega.

“Construí un cine con una caja de cartón”

-¿Cómo recuerdas la vida cuando el mundo no se extendía más allá de tus juguetes?
-Esperando el domingo para ir al cine en las mañanas.

-¿Qué juguetes tenías, dónde se fueron tus juguetes?
-Muppets, robots, réplicas de animales que se dispersaron hasta desparecer en el continuo éxodo de mis padres.

-¿Cuál era tu juego favorito, solo o acompañado?
-Jugar en un cine que construí con una caja de cartón. Mi hermanita vendía los boletos.

-¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?
-El chocolate caliente que me gusta y el de los libros nuevos.

-¿Qué llevas de tu infancia contigo?
-Los mismos miedos pero también los mismos entusiasmos.

-Jugaste con tierra, tomaste agua de la manguera… ¿Qué otras cosas hacías?
-Era un niño pulcro me alejaba de la tierra. Eso si buscaba insectos y bichos sin ensuciarme la ropa…

-Cuéntanos ese recuerdo mítico del que todos se acuerdan menos tú… (Ese que tu mamá o tía saca a colación cuando le presentas a una amiga o estás reunido con la familia)
-Les hacía ojitos a los miembros femeninos de la famila. Algo que ahora me parece muy extraño porque no recuerdo que me simpatizara alguna tía o prima realmente.

-¿Recuerdas tu primer amor de infancia?
-Mi profesora de tercer grado. Esperanza era su nombre.

-¿Cuáles son los pequeños grandes triunfos que recuerdas?
-Dibujar a mis profesores y que se enojaran, pero que la directora de mi colegio decidiera hacer una exposición con esas caricaturas que fue un éxito total.

-¿Qué súper poder te hubiera gustado tener y si lo tuvieras hoy…qué harías con él?
-Volar. Pero de todas maneras me lo paso viajando en avión gran parte del año.

-¿Qué te daba miedo?
-Algunas imágenes religiosas católicas. Aún conservo el miedo.

-¿Te perdiste, sí es así, dónde y cómo apareciste?
-Yo no. Recuerdo a mi hermana mayor que se perdío en un viaje que hicimos a Caracas. Apareció después de la mano de una familia japonesa. Recuerdo la angustia de mi mamá y lo mucho que me afectó.

-¿Qué barrio, calle, edificio o balneario es el lugar de tu infancia?
-Las calles de mi barrio, Normadía un vecindario de clase media donde jugaba hasta tarde con mis amigos y luego Santa Bárbara un vecindario más acomodado donde no tenía amigos y pasaba horas jugando solo en el jardín. Ambos tienen sus encantos.

-¿Cuál era la trampa que hacías para no comer la comida que no te gustaba?
-Simplemente no comía. Me alimenté de pocas cosas en mi primera infancia. Como un monje en retiro. Poco a poco descubrí los placeres sencillos de las mandarinas, el queso, el pan horneado por mi mamá. Cada pueblo de la sabana de Bogotá tiene platos de origen campesino que aprendí a disfrutar porque creo que los conozco todos desde pequeño. Las verduras y esas otras cosas verdes aparecieron después en mi vida y pude crecer sin ellas.

-¿Cuál fue tu mayor travesura?
-Era un niño tranquilo, ensimismado. Las travesuras comenzaron en la adolescencia.

-A qué personaje público invitarías a mirar con ojos de niño la realidad
-A Esteban Cabezas o Gonzalo Martínez.

-Alguna pregunta para sumar a este cuestionario de Territorio Infancia
-Sí, por ejemplo “¿Qué te gustaba dibujar?”

Recuerdo momentos de felicidad a la altura del suelo

Ilustradora y autora de libros para niños como “Es así” y “Los arriba y los de abajo”, Paloma Valdivia es nuestra nueva invitada a viajar al Territorio Infancia.
-¿Cómo recuerdas la vida cuando el mundo no se extendía más allá de tus juguetes?
Recuerdo mi infancia como un lugar tranquilo y protegido. Los días eran más largos que los de hoy y evoco muchos momentos de felicidad a la altura del suelo, lugar que hasta hoy es mi preferido; en él jugaba, dibujaba y pasaba gran parte del día.

-¿Qué juguetes tenías, dónde se fueron tus juguetes?
Tenía una hermosa casa de muñecas que me regaló el viejito pascuero cuando tenía 4 años. Esa Navidad me quedé dormida después de la cena y la casa apareció a las 12 en el patio de mi casa. Para mí era enorme y hermosa. Adentro, estaban todas mis muñecas con ropa nueva, un costurero, una cocinita y todo un amoblado pequeño para jugar. Otro regalo sensacional fue la bota Matchbox, yo la deseaba mucho, la mañana de mi cumpleaños número tres, me entregaron una caja cuadrada muy grande, yo pensé que era una tele, (también la deseaba porque en mi casa no había), hasta el día de hoy es el mejor regalo que me han hecho jamás.

-¿Juego favorito, sola o acompañada?
Como no había muchos niños a mi alrededor, disfrutaba mucho jugando sola. Mi juego favorito era jugar con la “Bota Matchbox” y “La granja”. Juntaba los muñequitos de ambos, que eran más o menos del mismo tamaño y hacía un mundo. A veces, los personajes iban a la piscina, se trasladaban en carreta al baño y disfrutaban de un día de verano en el lavamanos.

-¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?
Todas las deliciosas comidas que hacía mi abuela Ana. Yo llegaba del colegio y desde el zagúan de la entrada ya sabía que había de comer por el aroma. Me acuerdo del olor a hielo que salía de las máquinas de helados cuando las abrían para elegir el mío (amaba los helados), el olor al patio recién regado y el de las piscinas y flotadores de plástico nuevos que antecedían el calor del verano. El olor de mi mantita, la tuve hasta como los 10 años y le ponía colonia en las puntas.

– Secretos que no le dijiste a mamá y/o papá
Una vez me robé un juguete de mi jardín, me lo metí en las pantys y lo traje a casa. El juguete originalmente había sido mío y lo habíamos donado al jardín. Pero al parecer no me gustó que lo usaran otros niños y lo tuve que traer de regreso a casa, volvió sin cabeza.

Jugaste con tierra, tomaste agua de la manguera…¿qué otras cosas hacías?
Coseché tomates, sandías, frutillas. Le corté el pelo a las muñecas y a mi abuela. Me puse zapatos de taco alto, jugué al rin rin raja, comí dulces, miré, leí y dibujé cuentos hasta que me dio hipo.

-Cuéntanos ese recuerdo mítico del que todos se acuerdan menos tú… (ese que tu mamá o tía saca a colación cuando le presentas a una amiga)…
El relato mítico es acerca del día en que mi abuelo Guille me mandó a la cocina a buscar un pan para el almuerzo. Él era muy irónico y yo no entendía su humor, como yo era la más chica me molestaba constantemente. Dicen que yo a mis tres años y después de mucha insistencia de su parte, me paré indignada y en silencio a la cocina y desde la puerta del comedor le tiré la marraqueta con tanta puntería que le llegó al medio del plato de sopa y lo salpicó entero. Nunca he vuelto a hacer algo así, aunque he tenido ganas.

-¿Recuerdas tu primer amor?
Sí, lo espiaba con binoculares. Era mi vecino.

-¿Cuáles son los pequeños grandes triunfos que recuerdes?
La verdad es que como era la más pequeña de casa me celebraban todo. Los cantos, los dibujos, los poemas. Sin embargo hay un recuerdo que cambió mi vida y para mí es un triunfo. El día que me pusieron lentes. Tenía 9 años y hasta entonces había visto el mundo como a través de un vidrio empañado. Nadie se había dado cuenta que yo era muy miope. Fue un día sensacional, vi como eran las flores, podía contar las tejas de los techos y me alucinaba que las cosas tuvieran un límite definido, desde ese día no he parado de dibujar el mundo.

-¿Qué súper poder te hubiera gustado tener?
Volar y hablar con los animales.

-¿Qué te daba miedo?
Muchas cosas, sobre todo la noche y las arañas, me imaginaban que saldrían de los rincones de debajo de mi cama. Por ello durante mucho tiempo separé la cama del rincón y dormí con guantes. También le tenía miedo a los ladrones, a los extraterrestres y a los militares, era una época complicada…por suerte mi mamá siempre me recibía en su cama.

-¿Te perdiste?
Una vez me dejaron adentro del auto mientras bajaban las bolsas del supermercado, deben haber sido 5 minutos, pero yo era bebé y se me hizo eterna la espera. Recuerdo que me dolía la garganta de tanto llorar y de alguna manera en esos pocos minutos tuve la sensación de abandono.

-¿Qué barrio, calle, edificio o balneario es el lugar de tu infancia?
Patronato, el Barrio Bellavista y el Cerro San Cristóbal.

-¿Cuál fue tu mayor travesura?
Una vez, una vecinita me invitó a su cumpleaños, vivía en la casa pegada a la mía. No me dejaron ir y yo me escapé. Tenía 5 años, fui un ratito, volví y nadie se dio cuenta.

-¿A qué personaje público invitarías a mirar con ojos de niño la realidad?
A Juan Carlos Bodoque, de 31 Minutos.

-¿Alguna pregunta para sumar a este cuestionario de Territorio Infancia?
Algún hecho sorprendente que recuerdes de tu infancia. En mi caso personal a los 6 años ví nacer un ternero, ese hecho marcó mi vida en muchos aspectos. También hablar acerca de alguna catástrofe natural que te haya tocado de infancia, Chile es un país que suele pasar por este tipo de fenómenos, creo que cuando lo compartimos y los niños ven que a todos nos pasó, puede bajar un poco la intensidad de nuestra propia experiencia.

-Alguna persona o personaje que te gustaría para Territorio Infancia…
La Tía Carmen Videla, ella fue mi profesora de primero a cuarto básico. La mejor profesora y persona que he conocido en mi vida. Creo que a mis 37 años, ella me enseñó lo más importante: “el amor por Aprender”. Tiene 85 años y sigue siendo una persona brillante y excepcional, la visito todos los años.

Fútbol en la plaza con los amigos era el juego favorito

En un nuevo Territorio Infancia, Juan Cristónal Guarello, premio nacional de periodismo deportivo y autor de libros como “Historias secretas del fútbol chileno”, recuerda cuando a los cuatro años le regalaron una caja de ferraris de metal y la vez en la que un perro lo mordió a la salida del jardín infantil.

– ¿Cómo recuerdas la vida cuando el mundo no se extendía más allá de tus juguetes?
Era consciente, aun dentro del pensamiento mágico, que existía un mundo extenso y extraño allá afuera. Incluso miraba la Luna con los largavistas que mi papá usaba para las carreras.

– ¿Qué juguetes tenías? Y ¿dónde se fueron tus juguetes?
Para la media de entonces, bastantes. Cuando cumplí cuatro años me regalaron una caja de Ferraris de metal, pero alguien me los robó al poco tiempo. También recuerdo un Fiat 600 rojo, de plástico y sin ruedas que mi mamá botó a la basura porque era basura. Lo lloré mucho.

– Juego favorito ¿solo o acompañado?
Fútbol en la plaza con los amigos.

– ¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?
Los helados de agua, el olor de los eucaliptos en Santo Domingo, el olor de la leña en la chimenea, el de la harina tostada, el dulzón de las sustancias que vendían en los quioscos.

– ¿Qué llevas de tu infancia contigo?
La nostalgia de un mundo limpio, sin prejuicios.
Secretos que no le dijiste a mamá y/o papá
No recuerdo nada muy especial. Era malo para guardar secretos. Mi papá emanaba autoridad.

– Jugaste con tierra, tomaste agua de la manguera ¿Qué otras cosas hacías?
Agua de la manguera en cada pichanga, no recuerdo haber comido tierra, si meterme en guerra de peñascazos, subirme arriba de los techos o robarme alguna pelota de plástico.

– Cuéntanos ese recuerdo mítico del que todos se acuerdan menos tú (ese que tu mamá o tía saca a colación cuando le presentas a una amiga o estás reunido con la familia).
Supuestamente el día que, siendo casi guagua, declaré que no usaría más chupetes.

– ¿Recuerdas tu primer amor de infancia?
Una niña en las Termas de Jahuel. Tenía siete años y me enamoré hasta las patas. Septiembre de 1976.

– ¿Cuáles son los pequeños grandes triunfos que recuerdas?
Irme, en Primero Básico, solo del colegio hasta mi casa. Eran cuatro cuadras y le tenía miedo a los perros. No me crucé con ninguno.

– ¿Qué súper poder te hubiera gustado tener? y si lo tuvieras hoy ¿qué harías con él?
Volar

– Tenías amigos imaginarios, si es así, ¿cómo eran y cómo se llamaban?
No, siempre me ha parecido muy raro lo de los amigos imaginarios. Incluso a los cinco años, ya era muy racional. Entendía, por ejemplo, que Los Picapiedras no podían ser reales, porque los dinosaurios no convivían con los humanos.

– ¿Qué te daba miedo?
Los perros porque me mordió uno a la salida del jardín infantil. En la FISA 1974 había una exposición de perros de raza y un San Bernardo se paró a mi lado. Casi me morí.

– ¿Te perdiste? Sí es así, ¿dónde y cómo apareciste?
Como dije, era muy racional y tenía excelente orientación. Ya a los cinco años andaba callejeando con un lote de pelusones por todo el barrio o por casi todo Ñuñoa. Iba a jugar fútbol a la Estación San Eugenio y nos cambiábamos en los carros de carga estacionados. Una vez salí de paseo en bicicleta con un amigo. Llegamos hasta el Estadio Nacional. Volví como a las nueve de la noche, había un radiopatrulla afuera. Andaban buscándome hasta los pacos.

– ¿Qué barrio, calle, edificio o balneario es el lugar de tu infancia?
La Plaza de Miguel Claro y la calle Las Rocas de Santo Domingo.

– ¿Cuál era la trampa que hacías para no comer guatitas o la comida que no te gustaba?
Simplemente me declaraba en rebeldía. La Erika, la señora que trabajaba en mi casa, tenía buena persuasión para hacer fracasar mi acto.

– ¿Jugabas en la calle?
Todo el día en la calle, por cualquier lado. Nos llamaban a tomar la leche desde la puerta de la casa.

– ¿Cuál fue tu mayor travesura?
Depende de la edad, pero bien chicos nos bañamos con uniforme de colegio en una piscina inflable.

– ¿A qué personaje público invitarías a mirar con ojos de niño la realidad?
A Jovino Novoa

– ¿Alguna pregunta para sumar a este cuestionario de Territorio Infancia?
¿Cuál fue la primera palabra que aprendiste a leer? Yo, “lavar”

– ¿Alguna persona o personaje que te gustaría para Territorio Infancia?
A Jorge Burgos

Cuando niño inventaba postres

El escritor chileno, autor de novelas como “Bonsái” y “Formas de Volver a Casa”, se subió a la máquina del tiempo de Territorio Infancia para recordar esa época en la que compraba dos dulces por un peso.

-¿Cómo recuerdas la vida cuando el mundo no se extendía más allá de tus juguetes?
Me acuerdo de que a veces era muy tímido y al otro día totalmente desenvuelto. Mi mamá siempre dice eso: un día en la luna y el otro en la tierra. También recuerdo el entusiasmo, el despunte del entusiasmo, y la frustración cuando los demás no lo compartían. Bueno, recuerdo muchas cosas, en realidad. Los gatos, aunque nunca he dejado de tener gatos. Tuvimos al primero, que se llamaba Veloz, porque en la casa había ratones o peligro de ratones. Y desde entonces siempre estuve cerca de algún gato.

-¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?
El olor a porotos con riendas, definitivamente. La leche condensada. El Milo en polvo o de los jugos Yupi disolviéndose en la boca. Los dulces de dos por un peso. Las guagüitas. Los calugones Pelayo. Los chupones de manjar. Las sustancias. Las empanadas de queso que vendían en el supermercado Toqui.

– ¿Qué llevas de tu infancia contigo?
Más que nada recuerdos. Sí tengo un libro, o más bien un cuaderno que llenó mi mamá, “Mis primeros pasos”, donde hay mucha “información privilegiada”.

– ¿Jugaste con tierra o tomaste agua de la manguera? ¿qué otras cosas hacías?
Inventaba postres, estaba obsesionado con eso, me quedaban mal. Pero aprendí a hacer panqueques. Y tocaba la guitarra todo el día.

– Cuéntanos ese recuerdo mítico del que todos se acuerdan menos tú (ese que tu mamá o tía saca a colación cuando le presentas a una amiga).
Mi papá siempre se acuerda de cuando íbamos a pescar y yo me ponía a inventar historias con los pescados y los gusanos de tebo. De puro aburrido, supongo, me ponía a hacerlos conversar. Era como jugar a las muñecas, pero infinitamente más cruel. Él se acuerda porque los otros pescadores se reían de las cosas que yo inventaba, él también se reía, pero de vez en cuando me hacía callar, porque al parecer yo hablaba demasiado…

– ¿Recuerdas tu primer amor?
Sí. Una niña en Villa Alemana a la que le di un beso, a los cuatro años. Hay una foto en que salgo con ella y con otra niña, que no me gustaba y que ahora me parece muchísimo más bonita.
– ¿Qué súper poder te hubiera gustado tener y si lo tuvieras hoy…qué harías con él?
Viajar en el tiempo, definitivamente. Pero en ese tiempo habría viajado al futuro y ahora iría al pasado. Bueno, no sé, quizás también iría al futuro, no sé.

-Tenías amigos imaginarios, si es así, ¿cómo eran y cómo se llamaban?
Sí tenía, pero iban cambiando constantemente. Y después eran los gatos, que no son imaginarios, pero siempre hablaba con Veloz y luego con Veloz segundo.

-¿Qué te daba miedo?
Quedar ciego. Es lo que más me da miedo todavía. En realidad, cuando niño, era la sensación de oscuridad absoluta, en la pieza. Pero no a la oscuridad en sí misma. Una o dos veces recuerdo que no podía encontrar, a tientas, el interruptor de la luz.

– ¿Qué barrio, calle, edificio o balneario es el lugar de tu infancia?
Cuando nací vivíamos en la Villa Portales, pero a los dos meses nos fuimos a Valparaíso, al Cerro Alegre, y luego, cuando yo tenía dos años y hasta los cinco, vivimos en Villa Alemana. Mis primeros recuerdos son de Villa Alemana. Una casa grande, donde había un piano permanentemente cerrado (no teníamos la llave, era de los dueños de la casa, que no querían que se los ocupáramos), un parrón, un triciclo “para niños grandes” con el que jugábamos con mi hermana.
Pero al pensar en la infancia siempre la sitúo después, en la villa donde viví desde los cinco hasta los veinte años, en Maipú. Desde la pandereta, antes de que la cerraran, veías el Estadio Bueras, aunque en ese tiempo no jugaba el Magallanes ahí. Pero me pasaba siempre la pandereta y me iba al estadio y a una laguna que había al lado.

– ¿Cuál era la trampa que hacías para no comer guatitas o la comida que no te gustaba?
Nunca fui mañoso, la verdad, pero creo que no era común que me dieran guatitas. No me gustaban, pero recuerdo haberlas comida una vez. Lo único que nunca me gustó es el arroz con leche. Y me cuesta creer que a alguien pueda gustarle el arroz con leche.

– ¿Jugabas en la calle, si es así… cómo te llamaban para volver a casa?
Jugaba en la calle todo el día y tenía que volver cuando oscurecía.

– Alguna pregunta para sumar a este cuestionario de Territorio Infancia
¿Sabes qué nombre te habrían puesto si hubieras sido hombre/ mujer (depende del entrevistado)?

Cuando niño me perdí en la lavadora

Calcetín con Rombos Man, el súper héroe de 31 minutos, defensor de los derechos de los niños y niñas, nos recibió en ciudad Cómoda y aceptó nuestra invitación a viajar y descubrir ese tiempo donde la vida no se extendía más allá del juego.

¡Bienvenidos al Territorio Infancia de Calcetín con Rombos Man!

¿Qué olores y sabores recuerdas de tu niñez?
Recuerdo el olor a bolitas de naftalina y corteza de quillay de las viejas calcetas de lana que vivían conmigo cuando era chico. También el de talco mentolado de las calcetas de fútbol.

– ¿Cuáles son los pequeños grandes triunfos que recuerdas?
Recuerdo la primera vez que salí del cajón de los calcetines. También fue la primera vez que volé. Al principio, cuando me asomé pensé que no iba a ser capaz de salir, pero sabía que los niños que estaban en problemas contaban conmigo, así que conté hasta tres y salté. Me caí al suelo y quedé machucado, fue muy doloroso, pero no me di por vencido y tras varios intentos y muchos chichones aprendí a volar y me convertí en súper héroe.

-¿Tenías amigos imaginarios? Si es así, ¿cómo eran y cómo se llamaban?
Sí, tenía un amigo imaginario que se llamaba Giuseppe, era un camello irlandés y un experto para jugar a las escondidas. Nunca lograba encontrarlo.

-¿Qué te daba miedo?
Los helados, sobre todo los de pistacho en barquillo.

-¿Te perdiste? Sí es así, ¿dónde y cómo apareciste?
Una vez me perdí cuando fui a la lavadora. Después del programa de centrifugado, todo daba vueltas y más vueltas. Cuando salí estaba tan mareado que vomité. Me dio un poco de vergüenza, pero el trapero me dijo que no importaba, que a cualquiera puede pasarle. Desde ese día que prefiero secarme en el tendero con los rayos de sol.

Recuerdo la mermelá de Sandía de la mamá

Gran Guaripola Guachaca, padre del concepto Canto Nuevo, amigo de Roberto Parra y primer Director de la Negra Ester. Este profe de música lleva décadas promoviendo “los valores de la gente de la calle” y desde su colectivo Guachaca donde promueve lo chileno, lo republicano, lo cariñoso y lo humilde, responde nuestro Territorio Infancia viajando a su Lontué natal.

-¿Cuáles fueron tus juegos y tus juguetes?
Las bolitas, el trompo, el emboque, los bolones de cristal y de piedra… jugábamos a la camarita, que se hacía con cajas y hoyitos.

-¿Lo hacías sólo o acompañado?
Acompañao po´ con caleta de cabros chicos siempre. Mis vecinos tenian 18 hijos, los otros 16 y nosotros 11. En el colegio nos reuníamos todos los chiquillos en una ronda a jugar al trompo métale carnúo. También jugábamos partidos de chueca.

-¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?
La mermelá de sandía de la mamá. Las naranjas del naranjo… ese olor a naranjo.

– ¿Qué llevas de tu infancia contigo?
Mmmm. Tal vez el gorro

-¿El gorro?
Jaaaaa…No. El jockey fue después. Cuando chico no había plata ni pa comprar chupallas de paja. Después me gustaron los sombreros, mi papá usaba jockey….

– ¿Recuerdas tu primer amor de infancia?
Shaaaa no po…porque las escuelas eran separadas, pero había profesoras bien bonitas, me acuerdo de la señorita Ilda.

– ¿Qué súper poder te hubiera gustado tener y si lo tuvieras hoy…qué harías con él?
Ninguno

-¿Tenías amigos imaginarios?
No po, si pasaba todo el día jugando o comprando el pan.

-¿Qué te daba miedo?
El mapuche que cuida el Aromo, donde había un tesoro que habían dejado los españoles y el canto del Tue Tue, que anunciaba la muerte.

– Alguna persona o personaje que te gustaría para Territorio Infancia

Al Caluga Jr po kbros avívense y entrevístenlo pa’ que hable de su papa. Tengo una gran admiración por el Tony Caluga por lo que significa para este país. Puta que me ha hecho reír.