Mes del niño y la niña

El domingo 6 de agosto celebramos el Día del Niño, conmemoración que cobra aún más sentido este 14 de agosto, cuando se cumplan 27 años desde que Chile ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño y la Niña. A propósito de esta fecha, debiéramos dejar atrás el frenesí comercial y reflexionar acerca de por qué todos los meses deben ser el mes del niño.

En Integra, red que atiende a más de 86 mil niños y niñas en todo el país, entendemos que celebrar la niñez, es celebrar a los ciudadanos y ciudadanas del presente y del mañana. Es celebrar que en esta etapa se adquieren aprendizajes para la vida y se forja el futuro de una sociedad que aspira a la construcción de un Chile más justo, inclusivo y democrático, en el que prime el bien común por sobre el individualismo. Es en esta etapa de la vida que nos abrimos a la confianza futura.

Por eso, nuestro compromiso con la entrega de educación parvularia gratuita, inclusiva y de calidad, tiene como centro el juego. Ver a un niño jugando feliz es esperanzador. A través de este acto innato, los niños y niñas interiorizan valores y costumbres, expresan sus sentimientos, emociones y necesidades. Desarrollan su autoestima y se relacionan positivamente con sus pares, sin prejuicios, sin discriminación y sin desconfianza.

En este mes Integra invita a que todos los días entreguemos amor y bienestar para la felicidad y el desarrollo pleno de los niños y niñas de Chile, que a través del juego y la imaginación son capaces de transformar el mundo para convertirlo en uno mejor.

Oriele Rossel
Directora Nacional de Integra

Alimentación de calidad

Cuando una familia decide incorporar a su hijo a una sala cuna o jardín infantil como una valiosa alternativa de cuidado, debe poner principal atención en el desarrollo físico, mental, espiritual, moral, psicológico y social que promueve en los niños y las niñas el proyecto educativo de cada institución.

Más aún, un factor relevante a considerar es la entrega de una alimentación, donde se promuevan los hábitos alimenticios significativos para su desarrollo y también del núcleo familiar.

En ese aspecto, el método educativo de Integra impulsa una alimentación de calidad en nuestros más de 1.100 salas cuna y jardines infantiles, poniendo énfasis en el aprendizaje de habilidades y destrezas de coordinación y precisión al comer de forma autónoma, conociendo el medio físico con el reconocimiento y nombre de los alimentos.

Junto a ello, apuntamos a un desarrollo sensorial y social, donde nuestros más de 80 mil niños y niñas puedan establecer vínculos afectivos y, por sobre todo, enseñanzas sobre los hábitos que impactarán en todo su proceso de desarrollo como personas.

La alimentación trata de un momento significativo, por ello resguardar la calidad de la alimentación que reciben sus hijos e hijas constituye una preocupación y trabajo permanente.

El método educativo de Integra impulsa una alimentación de calidad en nuestros más de 1.100 salas cuna y jardines infantiles, poniendo énfasis en el aprendizaje de habilidades y destrezas de coordinación y precisión al comer de forma autónoma.

El programa alimentario que entregamos responde a las últimas recomendaciones de energía de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), a las Guías de Alimentación del Ministerio de Salud para los niños menores de seis años (2016) y a lo dispuesto en la Ley 20.606 sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad.

Asimismo, es baja en azúcares, sodio y grasas saturadas, no contiene edulcorantes ni colorantes artificiales como amarillo crepúsculo y tartrazina. La porción diaria cubre entre un 60% y 75% de las calorías y el 100% de las proteínas requeridas dependiendo de la edad del niño o niña. Cuenta, además, con un sistema de control que es verificado todos los días por los encargados del programa de alimentación en cada sala cuna y jardín infantil, además de ser supervisado por nutricionistas que se encuentran en cada dirección regional a lo largo del país.

Es importante resaltar que la sala cuna y el jardín infantil es un ambiente propicio para trabajar el período de la alimentación desde una perspectiva educativa. Por ello, nosotros vemos la hora de comer como un período relevante dentro de la jornada diaria y con un propósito o intencionalidad definida para cada grupo de edad.

Una forma de poder complementar la entrega de una alimentación de calidad, es apoyar el trabajo pedagógico a través de la elaboración de una serie de materiales educativos como apoyo a la gestión pedagógica de las educadoras y técnicos de los establecimientos de Integra, como las fichas de experiencias de aprendizaje en alimentación saludable y las cartillas de alimentación saludable dirigidas a las familias.

Todo este esfuerzo debe ser compartido por las familias, quienes son el primer educador y promotor en los niños y las niñas sobre la importancia de una alimentación saludable.

Nuestro compromiso como Integra, el principal prestador de educación parvularia del país, es continuar trabajando en fortalecer el conocimiento y hábitos de alimentación para que niños y niñas se desarrollen más sanos y felices.

Jaime Foch
Jefe Dpto. Nutrición y Salud
Fundación Integra

Apoyando a nuestros hijos en su primer día de jardín

Esteban del Río, psicólogo de FonoInfancia nos aconseja sobre cómo orientar y apoyar a los niños y niñas en su primer día en el jardín infantil.

El ingreso a clases de los hijos, sobre todo cuando es la primera vez que ingresan al jardín, es una situación que genera tensión en los padres. Este es un hito socialmente muy importante, que exige a los niños y niñas incorporarse repentinamente a una cultura distinta a la vivida por años, lo que sin duda les significa importantes desafíos.

Es muy importante que disfruten de este nuevo proceso de conocimiento y estimulación, que les permita adquirir mejores herramientas para sentirse protegidos, queridos y respetados para así obtener la confianza necesaria para lograr un ambiente positivo en el desarrollo de su aprendizaje.

Este proceso impacta a todo el entorno del niño o niña, por lo que la familia es un participante activo y primordial de esta transición. Con los 26 años de experiencia de Integra entregando educación de calidad en más de mil jardines y salas cuna en todo Chile, creemos que es importante hablar con el niño o niña sobre las nuevas experiencias que vivirá, que tendrá nuevos amigos. En el fondo prepararlos con una mirada positiva al cambio que enfrentará.

Es fundamental que los niños y niñas puedan vivir esta transición como una experiencia positiva y gratificante, una oportunidad para aprender de forma entretenida, incluso a través de juegos.

Una medida que se puede tomar con anticipación al ingreso al Jardín es llevarlo antes a conocerlo, así se acerca a esta nueva etapa. Que sepa cuál es el baño, su sala de clases, dónde están los juegos, etc. También sus horarios de alimentación y sueño se verán modificados por lo que recomendamos adecuarlos con anterioridad y así se evitar un cambio drástico de sus rutinas.

Es muy importante aceptar y respetar los sentimientos del niño o niña. Hay que contenerlos, sin reprochar el llanto, posibles “pataletas” u otras reacciones, ayudándolo a recuperar la calma por medio del cariño y la comprensión. Por lo mismo no le mienta ni salga a escondidas de la sala. Explíquele que se irá, pero que volverá más tarde para volver a casa. Otra recomendación que puede ayudar en su contención es que lleve un objeto o juguete que le guste, pero sólo durante el primer tiempo. Esto le ayudará a sentirse más seguro y confiado en un espacio menos conocido. También, sólo si es necesario, el apoderado lo puede acompañar durante un momento de la jornada, y la idea es que ese tiempo se vaya disminuyendo gradualmente a medida que el niño o niña sienta más confianza.

Es fundamental que los niños y niñas puedan vivir esta transición como una experiencia positiva y gratificante, una oportunidad para aprender de forma entretenida, incluso a través de juegos.

Esteban del Río
Psicólogo de FonoInfancia, del Departamento de Promoción y Protección de la Infancia

Avances en primera infancia, por Oriele Rossel, Directora Ejecutiva

En respuesta a la columna de Sylvia Eyzaguirre, nuestra Directora Ejecutiva, Oriele Rossel, se refiere a los avances concretos realizados durante el Gobierno de la Presidenta Bachelet, tanto en institucionalidad parvularia como en calidad educativa para que niños y niñas desarrollen todas sus potencialidades.

Sobre la columna de la señora Sylvia Eyzaguirre de fecha 14 de febrero, quisiera decir lo siguiente. Desde nuestra experiencia de 26 años en Integra y especialmente durante los gobiernos de la Presidenta Michelle Bachelet, puedo afirmar que, en educación, la primera infancia no ha sido ignorada. Ha sido visibilizada con acciones concretas.

En el primer periodo se crearon 3.500 nuevas salas cuna para más de 70 mil niños y niñas y en la actualidad, en el marco de la Reforma Educacional, existe el compromiso de ampliar la oferta con nuevos cupos de salas cuna y niveles medios, aportando INTEGRA con 23.000. Y, no son ladrillos, son ambientes educativos protectores y enriquecidos para favorecer aprendizajes y desarrollo pleno, abiertos a las familias y, reconociéndolos como primer agente educativo.

“Los niños y niñas que asisten a centros educativos logran aprendizajes significativos. Así lo demuestran los resultados de la evaluación de aprendizajes desarrollada en 2016 por Mide UC: el 86,3% de los niños y niñas que asisten a salas cuna y jardines infantiles de Integra alcanzan un nivel de logro de aprendizajes en lo esperado y sobre lo esperado a su edad”.

Asimismo, se avanza en institucionalidad y calidad educativa, con la creación de la Subsecretaría y la Intendencia de Educación Parvularia y con la actualización de las Bases Curriculares y la elaboración del marco para la Buena Enseñanza, entre otros.

Coincido con el planteamiento de Eyzaguirre que los “factores ambientales influyen en el desarrollo durante la infancia y que experiencias negativas como el estrés y la violencia, entre otras, pueden tener consecuencias perjudiciales para el desarrollo de los niños y niñas”, por este motivo Integra cuenta con equipos educativos de alta calidad comprometidos con la infancia y su desarrollo. Este compromiso y convicción de nuestros profesionales nos permitió reaccionar oportuna y pertinentemente en la emergencia provocada por los incendios forestales, donde equipos de educadoras y psicólogos, han brindado apoyo, juego y contención emocional a más de 700 niños y niñas y sus familias del Maule y Biobío.

Finalmente, afirmar que los niños y niñas que asisten a centros educativos logran aprendizajes significativos. Así lo demuestran los resultados de la evaluación de aprendizajes desarrollada en 2016 por Mide UC: el 86,3% de los niños y niñas que asisten a salas cuna y jardines infantiles de Integra alcanzan un nivel de logro de aprendizajes en lo esperado y sobre lo esperado a su edad.

Desde INTEGRA podemos constatar que hay avances en Educación Parvularia y que los niños y niñas no tienen porque que ejercer presión, porque son ciudadanos sujetos de derecho. Somos los adultos los llamados a concretar acciones diarias para favorecer su desarrollo en contextos de buen aprendizaje.

Oriele Rossel
Directora Ejecutiva Integra

Los niños y niñas no discriminan

Sorprende la ofensiva que diversas personalidades políticas han impulsado sobre endurecer la política migratoria de nuestro país, con argumentos abiertamente discriminatorios. En Chile el porcentaje de inmigrantes es un 2,7% de la población, muy por debajo del 10% promedio que poseen los países OCDE. En Integra, más de mil niños y niñas que asisten a salas cuna y jardines infantiles provienen de familias de otros países y esperamos que esa cifra siga creciendo.

En agosto de 1990 Chile ratificó la suscripción a la convención sobre los derechos del niño, comprometiéndonos entre varias tareas a “preparar al niño y niña para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de compresión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos…”. En Integra asumimos esa tarea como parte de nuestra misión porque todos ellos, independiente de su nacionalidad u origen, tienen los mismos derechos. Creemos firmemente que educar en la inclusión desde la primera infancia es la manera más efectiva de avanzar hacia una sociedad más justa y más feliz. Porque los niños no discriminan. Somos los adultos quienes con nuestras actitudes les enseñamos.

En los jardines vemos día a día que compartir con niños y familias migrantes sólo enriquece la formación y el aprendizaje de todos y todas. Detrás de la discusión sobre políticas migratorias hay niños que no tienen la posibilidad de defender sus derechos. No sigamos el camino de otros países que han endurecido las políticas frente a migrantes y miles de niños y niñas, que como Aylan Kurdi de Siria, han muerto tratando de ingresar a los países que representan la oportunidad de una mejor vida. No hagamos lo mismo nosotros.

Oriele Rossel

Directora Ejecutiva Integra 

26 años educando en igualdad de género

Cuando en Chile miles de personas se congregan para marchar en contra de la violencia a la mujer, promover desde la primera infancia, a través de una educación temprana, los valores del respeto y la inclusión se torna aún más significativo y rentable.

Durante octubre Integra celebra 26 años trabajando sobre la base de un enfoque de derechos, que promueve en los niños y niñas la igualdad y la equidad de género, en coherencia con la agenda promulgada por el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Porque a lo largo de todo Chile, sus más de 20 mil trabajadoras y trabajadores, preferentemente mujeres, estamos convencidas y convencidos de que podemos transformar la sociedad, ya que este cambio social comienza en los primeros años de vida.

Incorporar un lenguaje inclusivo, educar y enseñarles a nuestros hijos e hijas que sus aspiraciones pueden ser las mismas sin importar si son niños o niñas, son pequeños grandes cambios que van marcando la diferencia.

Hoy educamos en 1096 jardines infantiles a más de 78.000 niños y niñas para que aprendan jugando sin estereotipos. Para que se desarrollen con curiosidad y exploren libremente, porque el juego no responde a género ni condición social.

Oriele Rossel

Directora ejecutiva de Integra 

Niños y niñas protagonistas

En Integra, durante más de dos décadas, hemos trabajado promoviendo los derechos y el bienestar de esa parte de la población que no sale a las calles a marchar. Niños y niñas ciudadanos, que a través del juego aprenden y expresan sus sentimientos, emociones y necesidades.

Por eso el pasado 1 de octubre niños y niñas junto a sus familias y equipos educativos de más de cincuenta jardines infantiles y salas cuna de la región metropolitana,, salieron a la calle a expresarse de la forma que mejor saben hacerlo: jugando.

Una hermosa fiesta ciudadana por la infancia que convocó a cerca de tres mil personas en el Parque Forestal, donde los niños y niñas fueron los protagonistas y con la cual comenzamos a celebrar que cumplimos 26 años entregando educación parvularia pública y de calidad.

Para Integra celebrar a la niñez, es celebrar a los ciudadanos y ciudadanas del presente y del mañana. Es celebrar que en esta etapa se adquieren aprendizajes para la vida y se forja el futuro de una sociedad que aspira a la construcción de un Chile más justo, inclusivo y democrático, en el que prime el bien común por sobre el individualismo. Es en esta etapa de la vida que nos abrimos a la confianza futura.

Defendamos a nuestros niños y niñas, jugando, escuchándolos, entregándoles amor y bienestar para su felicidad y desarrollo pleno. Porque son ellos, los que a través del juego y la imaginación transforman el mundo convirtiéndolo en uno mejor.

Oriele Rossel, Directora Ejecutiva de Integra 

De la casa al Jardín. Niños/as y adultos enfrentados a un nuevo desafío

¿Qué sería esperable que ocurriera cuando mi hijo/a comience a asistir al jardín?

…que no llore cuando lo deje

…que siempre se despida tranquilo/a y contento/a

…que no se quiera venir conmigo a la casa

…que no tenga problemas para quedarse con adultos extraños y en un lugar que no conoce

…que quiera compartir con muchos niños y niñas que no conoce

O

…que llore, grite y se aferre a mí cuando lo/a dejo

…que no se quiera levantar ni vestir en la mañana

…que no quiera comer, ir al baño ni dormir en el jardín

…que cada vez que le pregunto, se enoja o pone a llorar

Ciertamente, no es una pregunta fácil de responder y es porque el ingreso al jardín infantil es un hito no solo en la vida del niño o la niña, sino también para su familia. Es un proceso no exento de dificultades, ya que no es uniforme y no siempre se da de una manera “ideal ni sencilla”, es por esto que todas las alternativas mencionadas anteriormente son posibles y esperadas.

Lo que le pasa al niño/a…

Las diversas manifestaciones que el/la niño o niña puede expresar en su relación con el jardín infantil, se pueden explicar por una parte a partir de las propias características de la etapa del desarrollo en que se encuentre (lactante o párvulo).

En este sentido es importante considerar que los niños y niñas pueden presentar reacciones de ansiedad al momento de separarse de sus padres o adultos cuidadores a través de señales de temor, cautela o timidez frente a extraños; el cambio de rutina también puede provocar sensaciones de inseguridad o inestabilidad, lo que a nivel emocional se puede expresar en llanto, irritabilidad o cambios en hábitos ya adquiridos.

Todo lo anterior, obedece a una forma distinta de la usada por los adultos para “comunicar” sus emociones y pensamientos y que es el lenguaje corporal. A su vez, algunos niños y niñas vivencian esta experiencia como una suerte de abandono, pues les es complejo aún comprender algunas nociones de espacio y tiempo, razón por la cual la separación es vivenciada de manera angustiante ya que no saben por cuánto tiempo ésta se va a extender (no han desarrollado aun la capacidad para entender el concepto de “transitoriedad”).

Lo que le pasa a los adultos

Por otra parte estas sensaciones de inseguridad, ansiedad e incertidumbre- que son esperables- muchas veces se agudizan a partir de la forma en que los adultos abordamos este proceso y qué le transmitimos a niños y niñas, por ello es que muchas veces la adaptación al jardín infantil se ve interferida más bien por la reacción del adulto que por las naturales expresiones de niños y niñas frente a algo nuevo en sus vidas.

Un ejemplo de ello es cuando no hemos anticipado al niño/a que comenzará a asistir al jardín, lo que implicará esto en su rutina diaria (a qué hora se levantará, con quién se quedará, por cuánto tiempo, etc.) y qué podría llegar a sentir al separarse por primera vez de sus padres. Otro ejemplo es cuando frente a la angustia del niño o niña, no nos despedimos y nos vamos sin que se de cuenta, suponiendo que no lo va a notar. Con lo anterior, sin quererlo, reafirmamos la sensación en el niño o niña de no entender y/o de desconfiar de la situación; con esta “huida” no le damos la posibilidad de expresarnos las sensaciones que le surgen respecto a la despedida y dejamos esa responsabilidad a un adulto que aún no es significativo para el niño o niña. Como padres además, perdemos la oportunidad de estar presentes para acoger, consolar, explicar y ayudarle a incorporar esta nueva experiencia.

Entender que somos quienes podemos ayudar al niño o niña a elaborar esta experiencia de una manera saludable y enriquecedora, nos permite reparar en la importancia -no solo de los gestos y actos- sino también del discurso que sostenemos como familia respecto al ingreso al jardín infantil.

En este sentido, a veces entregamos a niños y niñas explicaciones del “por qué se debe ir al jardín infantil”, que se basan en las necesidades del mundo adulto y que resultan muy abstractas, difíciles de comprender y asimilar para ellos, por ejemplo: “los papás van al trabajo y los niños al jardín”; “si no vas al jardín yo no puedo ir a trabajar y si no trabajo, no te puedo comprar las zapatillas ni los dulces que te gustan…”; “tienes que ir al jardín para estudiar, para que vayas al colegio…”; “todos los niños van al jardín, así que tu también”; “ya eres grande, tienes que ir al jardín” razones que tienden a invisibilizar al niño o niña y sus necesidades, planteando motivaciones que tienen sentido para el adulto, pero no para el niño o niña porque ellos viven en el aquí y ahora, centrados en sí mismos y le es difícil proyectarse, ponerse en el lugar de otros y visualizar el “beneficio” que esto traerá en el futuro.

Sería deseable entonces que les mostráramos los beneficios de esta nueva etapa transmitiéndoles por ejemplo: “en el jardín puedes jugar con niños de tu misma edad”; “en el jardín hay muchos juguetes y materiales entretenidos que no están en casa”; “puedes aprender canciones y juegos nuevos con las tías y los demás niños”; “en el jardín puedes aprender cosas que yo no sé o no puedo enseñarte en la casa…”, etc.

La adaptación, un proceso permanente

Ahora bien, las manifestaciones o reacciones emocionales mencionadas al comienzo, pueden darse al inicio del proceso de ingreso al jardín infantil, pero también pueden darse a lo largo del año. En este sentido cabe hacer una distinción, y es que muchas veces cuando estas reacciones se dan en períodos que no coinciden con que el niño/a haya estado ausente por periodos largos de la rutina del jardín (vacaciones, enfermedades, etc.), pueden deberse a cambios o crisis que se estén suscitando al interior de la familia y que se expresan en este contexto, por ejemplo separación de los padres, enfermedad de algún familiar, nacimiento de un hermanito, cambios de casa, entre otras.

Es, a propósito de la estabilidad que requieren niños y niñas, y de lo sensibles que son a los cambios en sus rutinas de vida (propias de la etapa del desarrollo), que estas vicisitudes pueden reeditar sensaciones vividas en el proceso de adaptación al jardín, o bien presentarse por primera vez, donde el niño o niña expresa y manifiesta desconcierto, preocupación y el anhelo o nostalgia del espacio que brinda la contención familiar.

¿Cómo podemos favorecer el proceso de adaptación?

Si bien la “aparición” de reacciones no habituales o “síntomas” resulta inquietante y a veces difícil de abordar para el adulto, es muy importante destacar que SIEMPRE es saludable que el niño/a encuentre espacios para su expresión emocional, independiente de cómo se manifieste (llanto, pataletas, retraimiento, etc.), ya que da cuenta de que el niño/a es conciente, está conectado y siente que puede expresar lo que le pasa frente a estos cambios y a pesar de que esto a los adultos nos complique, somos los convocados a contener y tolerar estas manifestaciones, pues dentro de todo, podemos recibirlas como un potente y elocuente gesto de confianza.

A la luz de todo lo anterior, parece importante entender y asumir que como adultos responsables de nuestros hijos e hijas, debemos estar atentos y observando permanentemente sus comportamientos y reacciones, ya que esto nos dará las señales de lo que ellos están vivenciando. Este registro debiese permitirnos identificar que al menos algo necesita de nosotros, por lo que espera una respuesta a esta necesidad, que casi siempre involucra contener, escuchar y ayudar a encontrar formas de incorporar experiencias nuevas. En este sentido, el reto, la desesperación, el ignorar, la radicalización, el presionar, el comparar, el desborde de los adultos, etc. sólo aumentan la sensación de desconcierto en el/la niño/a, sin saber nuevamente qué hacer con lo que les pasa, pero además sintiéndose responsables por lo que le ocurre al adulto que ellos tanto quieren.

Es por esto, que parece necesario también tener en cuenta qué nos pasa como adultos frente al proceso de separación con nuestros niños/as, ya que muchas veces ésta es la primera vez que nos alejamos de ellos por un tiempo. Independiente de las convicciones y razones para tomar esta decisión, es natural que como adultos nos veamos afectados por la separación, siendo esperable sentir culpa por dejarlo, miedo o dudas frente a sus cuidados, pena y/o preocupación por sus reacciones. Tener conciencia de que nos pasan cosas nos permite -por una parte- empatizar con el proceso de nuestro hijo y -al mismo tiempo- reconocer estas sensaciones nos permite diferenciarnos del niño o niña, lo que facilitará abrir el diálogo de las emociones que nos van surgiendo con él o ella. Por ejemplo “ yo entiendo que te da pena ir al jardín porque sientes que vas a estar solo allá y yo me quedo con tu hermanito, nosotros también te vamos a echar de menos, pero nos pone contentos saber que vas a jugar con tus amigos, que lo puedes pasar bien, y que en la tarde nos juntamos de nuevo”.

Así mismo es importante mirar cómo estamos al momento de llevar al niño o niña al jardín infantil, no sólo regular lo que le digo, sino también tomar conciencia de lo que nuestro cuerpo está manifestando, ¿estoy tenso/a?, ¿acelerado/a? ¿voy con pena? de tal manera de no dar mensajes confusos y poder regular nuestras emociones a través de reconocer lo que nos pasa. Por ejemplo “te voy a dar un último besito antes de irme, sé que te da pena y a mí también me da pena dejarte triste, a lo mejor con un buen abrazo se nos pasa más rápido”.

Invitamos a la reflexión sobre este hito en el desarrollo de los/as niños/as en nuestra cultura, pues es un primer paso en el camino hacia la socialización más allá de los límites de cada familia, con todo lo que ello implica en términos de autonomía (relacionarse con otros en ausencia del adulto significativo, destacar por sí mismo, hacer elecciones, tomar decisiones, resolver conflictos, plantear opiniones, etc.).

Pero sobre todo, invitamos a reflexionar sobre la importancia de una constante observación y auto observación, esto nos puede dar luces de cómo nosotros nos estamos involucrando en este proceso, asumiendo que no es algo que sólo compete al niño/a y que nuestro actuar puede facilitar esta experiencia al ofrecer espacios seguros, claros y confiables para la expresión emocional. Al observar de manera activa, reconocemos al/la niño/a como un/a otro/a, con ritmos, características, necesidades y expresiones propias que aún cuando sus reacciones tengan estrecha relación con lo que le sucede al adulto, es importante detenerse y evaluar qué necesita el/la niño/a y qué necesita el adulto, estableciendo así una relación de respeto y acompañamiento, propios de una crianza bientratante y abierta al aprendizaje.

Conflictos entre niños

 

Los adultos generalmente evitamos los conflictos, ya que en la mayoría de los casos nos parecen algo negativo. En otras ocasiones es necesario o inevitable enfrentarlos, y en esas circunstancias solemos contar con las herramientas necesarias para resolverlos, ya que por ejemplo, hemos aprendido a controlar nuestras emociones, sabemos solicitar apoyo, o llegar a acuerdos. De similar manera, en los niños y niñas los conflictos también suelen darse con frecuencia, sin embargo ellos no han adquirido algunas de las herramientas necesarias para poder enfrentarlos o resolverlos de forma satisfactoria, por lo cual en ocasiones es necesario que cuenten con nuestro apoyo para superar esos momentos difíciles y aprender de ellos.

Pensemos en dos niños, Amalia y Rubén. Ambos primos de alrededor de 4 años juegan en la casa de Amalia con los juguetes de ella. A ratos juegan solos, en sus movimientos y palabras se los puede ver y oir fantaseando, alegres y disfrutando del momento. A los pocos minutos inventan juntos un juego, crean roles, construyen escenarios imaginarios, representan personajes. En uno de esos juegos Rubén toma una de las muñecas de Amalia y la usa como una espada. Amalia, molesta porque Rubén ocupó así una de sus muñecas favoritas, le grita y le pega un manotazo. Rubén llora, la empuja y ambos lloran.

Volviendo al origen de los conflictos podríamos suponer que acá ocurrió lo siguiente: Rubén no sabía que esa era una de las muñecas preferidas de Amalia, y por lo tanto no podía suponer que Amalia se iba a enojar por que él la usara como espada. Por su parte Amalia creyó que Rubén estaba siendo descuidado con una de sus muñecas favoritas, y que la podía romper jugando así con ella. Así, el jugar de esa manera con la muñeca fue evaluado de distinta manera por los dos, en uno esto provocó alegría y en el otro molestia, por lo cual se generó el conflicto.

En este punto es importante tener en cuenta que los niños y niñas en muchos casos son capaces de solucionar los conflictos por sí solos, a traves de los recursos con los que cuentan y generando acciones autónomas. De esta forma es importante permitirles generar estas acciones y utilizar sus recursos, interviniendo como mediadores sólo cuando sus posibilidades de acción se vuelven insuficientes, y el conflicto permaneces a pesar de sus intentos, o se intenta resolver a través de conductas que puedan causar daño al otro.

Una de las acciones que podemos hacer para colaborar a que los niños y niñas adquieran herramientas que los ayuden a resolver sus conflictos es ayudarlos a identificar sus propias emociones. Así, en el caso de Ruben y Amalia es importante preguntarles que les ocurrió o sintieron en base a lo sucedido, y si no pudiesen expresarlo podríamos ayudarlos diciéndole por ejemplo “¿te enojaste con Rubén porque el usó como espada tu muñeca favorita?”. Y a su vez a Rubén le podríamos decir “parece que te asustaste con el grito de Amalia” o “parece que no te gustó que Amalia te pegara”.

El poder darnos cuenta cuándo y por qué estamos con pena, enojados, cansados, ansiosos, etc. es una herramienta muy importante para anticipar nuestras reacciones, y poder identificar también las emociones de los otros, lo cual entrega mayores posibilidades de acción y solución en las situaciones conflictivas.

De similar manera, otra forma de mediar en los conflictos y entregar herramientas emocionales a los niños y niñas es ayudarlos a identificar las consecuencias emocionales que sus actos generan en los otros. Así, en el caso de Rubén y Amalia, podríamos haberle preguntado a Rubén: “¿Qué crees que le pasó a Amalia?, y si él no puede identificar la emoción ayudarlo a través de apoyos como “Ruben, esa es la muñeca preferida de Amalia, y ella se enojó porque creyó que tú la podías romper…”. Por su parte, a Amalia le podriamos decir “Amalia, Rubén no sabía que esa era tu muñeca favorita, ¿Qué crees que sintió cuando le gritaste?…”. Este simple acto de traducir hechos a emociones, pensamientos o creencias, ayudará a que los niños vayan siendo capaces de anticipar ciertas reacciones y a identificar cuando posibles actos suyos puedan generar conflictos con otros.

El efecto que esto irá teniendo en los niños y niñas será sumativo, y permitirá que poco a poco niños y niñas aprendan a identificar sus emociones y a expresarlas de otras formas que no sean dañinas o agresivas hacia los otros, como por ejemplo, diciendo “no me gusta!” en vez de pegar un manotazo. Así, lo que se busca no es invalidar o reprimir la expresión de una emoción, sino que reconocerla y enseñar que esa emoción puede expresarse de distintas formas.

Este cambio en la forma de expresión es otra herramienta muy necesaria para resolver un conflicto, en la medida que niños y niñas van adquiriendo otras alternativas más asertivas para manifestar sus emociones, que permitan la descarga pero que no causen daño a otros. Para esto es muy importante que los adultos sirvamos como modelos de acción, mostrándoles con el ejemplo como poder expresar una emoción de forma que nos ayude a sentirnos mejor, sin agredir a otros.

Por lo tanto, es necesario que como adultos mantengamos la calma en esos momentos, y que les expresemos claramente lo que esperamos de ellos. En este mismo sentido es de gran relevancia que seamos coherentes, y no actuemos de manera distinta a la que decimos. Si nosotros agredimos a otros -o a ellos- cuando estamos enojados, niños y niñas aprenderán a agredir cuando lo estén, y generalmente el efecto de ver una conducta tiene un impacto mucho mayor en los niños y niñas que sólo las palabras.

Así por ejemplo, le podríamos haber dicho a Amalia “…te enojaste con Rubén, pero sabes, cuando uno está enojado no es bueno pegar, porque al otro le duele. ¿Te parece que cuando estés muy enojada en vez de pegar le digas: No es una espada!, y vayas donde mí y me cuentas lo que pasó para que te ayude?”. A su vez, a Rubén le podríamos decir: “Sé que no te gustó que Amalia te pegara, pero cuando eso pase no la empujes, dile NO y le pones la manito así (haciendo la señal de pare). Si ella sigue, vienes donde mí para que te ayude”.

Por último, es necesario que luego de un conflicto podamos ofrecer acciones de reparación de éste. Esto quiere decir que podamos ayudar a niños y niñas a reconciliarse, a superar ese momento difícil y que puedan volver a disfrutar de la compañía mutua, ambos habiéndose sentido escuchados, contenidos, y que se respetaron sus opiniones y emociones. Así es importante que les preguntemos qué necesitarían para pasar por ese momento difícil, qué es lo que les gustaría que el otro hiciera, y/o qué podrían hacer ellos para estar mejor.

De esta manera podríamos decirle a Amalia “¿Que te gustaría que hiciera Rubén para que se te pase la penita?” O “¿qué podríamos hacer para ayudar a Rubén, que está asustado?”. En este punto hay que ser muy cuidadosos de no obligar a niños y niñas a hacer cosas que no les hacen sentido o no necesitan, y que pueden tener el efecto contrario al esperado, como generar más rabia o pena. Así, hay que ser muy respetuosos de sus capacidades, opiniones, tiempos y necesidades, no pidiéndoles cosas que no pueden hacer, no quieren o no necesitan.

Todo esto ya que muchas veces es el deseo, interés, o forma de vivenciar adulto, el que prima en la forma en que los padres intervenimos cuando los niños y niñas tienen conflictos entre ellos. Nos gusta que los niños y niñas “se porten bien”, “sean obedientes”, “generosos”, y les pedimos o exigimos que actúen en base a estas expectativas nuestras, pero que no están acordes con las capacidades o necesidades de ellos, exponiéndolos por lo tanto a más estrés del que el conflicto ya generó.

De esta manera podemos ver como los conflictos, que generalmente son percibidos como algo indeseable o negativo, pueden convertirse en algo positivo, en una oportunidad de fomentar el desarrollo de nuestros hijos, fortaleciendo además el vínculo que tenemos con ellos.

Al ayudarlos a enfrentar un conflicto de las formas que hemos visto, fomentamos en ellos un desarrollo emocional que será un gran recurso en su vida, ayudándolos a prevenir dificultades y entregándoles las herramientas para afrontarlas. A su vez, fortalecemos el vínculo afectivo con ellos, al convertirnos en figuras que entregan calma, seguridad, comprensión y apoyo en los momentos difíciles, lo cual es la clave para el desarrollo de un apego seguro, y el establecimeinto de relaciones sanas y satisfactorias.

¡Siempre es tiempo de jugar!

 

La palabra juego tiene su origen en el latín iocari, que significa hacer algo con alegría, de ahí- aunque sean muchas las acepciones y usos de esta palabra- podemos decir que jugamos cuando hacemos algo con el único fin de entretenernos y divertirnos. Jugar nos conectaría entonces con potentes emociones. Todo juego- no sólo de los niños (as)- vendrá cargado de satisfacción y sensaciones placenteras. Tal vez por eso la primera y primordial forma en que la especie humana aprende y socializa de manera natural es a través del juego. Mientras más un niño (a) juegue, más experiencias satisfactorias tendrá, más y mejor se desenvolverá consigo mismo (a) y con el mundo que lo (a) rodea, por consiguiente más y mejor aprenderá.

Por otra parte, jugar no es una actividad exclusiva del ser humano. Compartimos con nuestros congéneres mamíferos este deseo innato por jugar, por esta razón en las diversas culturas y civilizaciones podemos encontrar rastros que demuestran que, desde tiempos inmemoriales, el ser humano y sus crías juegan y lo seguirán haciendo.

El juego también tiene diversas expresiones. No sólo jugamos cuando hay derroche de energía, también se puede jugar y divertirse a través del placer de escuchar, observar y sentir… jugamos cuando vemos a las hormigas marchar en fila hacia un destino que queremos descubrir, jugamos cuando las nubes toman formas fantásticas o terrenales, jugamos cuando imaginamos que el viento nos habla estando en la playa…

Jugando desde el principio…

Los avances de la neurociencias nos han permitido comprender (a diferencia de lo que por mucho tiempo creímos) que los bebés tienen la capacidad para interactuar consigo mismos y con el mundo, incluso desde antes de nacer. Estas competencias son terreno fértil para que el juego tome protagonismo en la vida de los bebés, sus padres y cuidadores. Un niño (a) feliz es un niño(a) que se mueve, que descubre, que se emociona, que se ríe, en definitiva, un niño (a) que juega.

Muy prontamente el bebé descubrirá que sus padres y cuidadores serán entretenidos compañeros de juego. Nuestras voces, muecas, canciones, cosquillas, todo es novedad y diversión. A medida que el bebé controla más sus movimientos, también disfrutará sacándonos los anteojos, tirándonos el pelo, las orejas o riendo juntos. El juego siempre será una potente herramienta para fortalecer el vínculo con nuestros hijos (as), al disfrutar esos juegos compartidos, nuestro organismo liberará sustancias que nos harán atesorar esas vivencias y querer repetirlas.

Pero el bebé no sólo jugará con otros, también descubrirá que su propio cuerpo le brindará incontables ocasiones de diversión, todas las que él (ella) mismo (a) pueda poner en práctica. Hacer ruidos, gritar, reír, dar vueltas, chuparse los dedos de los pies, mientras el bebé juega conoce y controla cada día más su cuerpo, ¡se prepara para explorar el mundo!

Por esta razón es muy importante considerar estos espacios cada día, nuestros hijos e hijas también disfrutarán sin necesitarnos a nosotros, sus juguetes o una gran sala de estimulación. Asimismo, es muy importante respetar sus tiempos, los seres humanos nos animamos a explorar algo nuevo cuando nos sentimos seguros y competentes, sin presiones, cuando podemos probar qué pasa si vamos un poco más allá de lo que ya conocemos, cuando podemos enmendar lo avanzado.

Siempre es momento para jugar

Algunas veces nos abrumamos planeando agendas para que nuestros hijos e hijas no estén faltos de entretención, o tal vez llegamos cansadas/os a casa sin ganas de hacer muchos panoramas para jugar. Pero el juego está al alcance de la mano, cada actividad cotidiana es más agradable si jugamos; cada nuevo aprendizaje será más fácil si lo hacemos a través del juego; cada hábito que queremos fortalecer costará mucho menos si damos espacio al humor… Una carrera al baño para lavar los dientes, una canción con muecas para vestirnos, ¿y si los juguetes juegan a la escondida para guardarse?. El juego siempre será un reto, pero también un estímulo, para la imaginación y la creatividad.

También hay momentos de la rutina diaria que son una gran oportunidad para divertirnos con nuestro bebé: el cambio del pañal con cantos, muecas, pequeñas cosquillas y besitos en su guata; la hora del baño con el agua que salpica y los juguetes que se hunden y flotan- no hay que temer a un rato más en el agua sólo por diversión- y las comidas son una excelente oportunidad para disfrutar probando nuevas texturas, sabores y olores.

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